Cuando llegué a Puerto Escondido no conocía a ninguno de los gatos. Luego la gente empezó a presentármelos. Aprendí sus nombres y sus historias. Ahora tengo muchos nombres y muchas historias.

Cuando llega alguien nuevo, le cuento esas historias y le comparto los nombres. Así se transmite lo que sabemos: de persona a persona, en la cena, en la puerta de la casa. Pero no llega mucho más lejos.

También abrí una cuenta de Instagram, @mimos_cat_sanctuary, para presumir a los gatos: su belleza, su carácter, los videos chistosos. Instagram es genial para eso. Pero no está construido alrededor del gato, sino alrededor de mí y de mi cuenta. No permite que el siguiente cuidador herede lo que yo sé y lo siga ampliando.

Ya construí el sistema… a mano

Viéndolo ahora, llevo todo este tiempo operando un sistema para seguir a los gatos. La base de datos es la memoria humana, las historias que contamos e Instagram. Cada gato va adquiriendo una identidad: un nombre, fotos, una personalidad, relaciones, un territorio, un historial de salud, historias de su origen, encuentros.

El problema es que todo eso vive dentro de personas individuales, y cuando esas personas se van, el conocimiento desaparece.

Un primer principio

El gato permanece mientras las personas a su alrededor van y vienen; por eso el registro debería pertenecer, conceptualmente, al gato, no a un cuidador en particular.

La oportunidad no es solo “dar seguimiento a gatos callejeros”. Es crear una identidad compartida y duradera para un animal que ninguna persona posee.